El presupuesto asignado a la Secretaría de Cultura de Sincelejo para este año es el más bajo en 15 años, ajustado por inflación. Mientras tanto, los gestores culturales, los músicos de porro y los grupos de danza folclórica subsisten con contratos precarios que llegan tarde, mal y a veces nunca.
Hay algo profundamente equivocado en una ciudad que se reivindica capital de la sabana colombiana pero trata a sus artistas como un gasto prescindible. La cultura no es un lujo; es el pegamento que mantiene unida la identidad de un pueblo. Sin ella, lo que queda es una ciudad sin alma.
Lo que se puede hacer
La solución no requiere recursos extraordinarios: requiere voluntad política. Un 2% del presupuesto municipal destinado a cultura transformaría radicalmente las condiciones de los creadores locales. La pregunta es si la administración tiene el valor de priorizar lo que nos hace ser quienes somos.
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